SER LA LUZ EN LA OSCURIDAD

Creo que todos los seres humanos estamos acá para cumplir un propósito
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Ser la luz en la oscuridad

Parece, ciertamente, que en los últimos años la gente que se come el semáforo, que no da paso, que no cede su puesto a las personas mayores en el bus, que roba, que miente sin necesidad y que le hace daño al prójimo, es más y más… Pero también es cierto que la gente que se encuentra en la búsqueda de un camino diferente para sí mismo, que trata de ser mejor persona y que está consciente del impacto que esto tiene en el universo, es más.

Creo que todos los seres humanos estamos acá para cumplir un propósito. Hay algunos que nos creemos “buena gente” y hay otros que vienen a mostrarnos lo que no queremos ser, que vienen a sacar lo mejor de nosotros, a desalojarnos de nuestra zona de confort para que podamos descubrir quiénes somos realmente. Quizás es porque sin oscuridad, no puede brillar la luz.

No se si alguien quiere ser parte del equipo del “oponente”, aunque no creo que quien –en efecto- esté jugando a su favor, se sienta una “mala persona” o crea que está haciendo algo malo.

¿Cómo saber a cuál equipo pertenezco? Cada quien tendrá su propia respuesta. Pero hay maneras superficiales de saberlo. Hagamos un ejercicio:

SITUACIÓN 1: Si vas manejando y una chica que parece apurada quiere cruzar la calle pero el semáforo está a tu favor, tú: a) Aceleras y no le das paso, para luego reírte de su reacción asustadiza y sentir que le diste una lección; b) Te detienes y le das paso, porque partiendo de su buena fe, crees que va apurada por una razón de peso.

SITUACIÓN 2: Haz tenido un mal día en el trabajo y te duelen los pies, llevas unas bolsas de mercado y te toca tomar un bus en hora pico hasta el otro extremo de la ciudad para llegar a tu casa, consigues un asiento en el colectivo y te sientes afortunado, 5 minutos más tarde se sube una señora mayor, hay otros hombres sentados, y tú: a) Te haces el dormido, esperando y rezando para que otro hombre –menos cansado- le ceda el puesto; b) Te levantas de primero y le cedes el puesto, en contra de la voluntad de tus pies.

Si en ambos casos contestaste la opción A, no te consideres una mala persona, pero queda claro cuál de las opciones brilla más como la luz.

En el curso de Kabbalah también me enseñaron que el que da, incondicionalmente, incluso lo que no tiene, se parece más a la luz. Que tenemos el poder de decidir ser: la causa de un cambio, o el efecto de lo que “sucede”. Y que lo fácil, lo gratis o lo sencillo de obtener, es muy gratificante pero dura poco.
La luz más perdurable es la que implica dar algo más de nosotros mismos, para que se manifieste. O también podemos elegir ser el mal ejemplo de los otros, que revelarán la luz.

Por: Álvaro Pérez-Kattar

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