LA COMUNICACIÓN COMO ESTILO DE VIDA

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La adolescencia es un período largo y difícil no solo para el joven que es quien la vive, sino para los padres que muchas veces la padecen. Hay momentos en que no sabemos cómo abordar situaciones que pueden generar conflictos y las dejamos de lado; cuando se hacen evidentes, puede ser muy tarde. Es por ello que la comunicación debe ser un estilo de vida y no una conversación aislada cuando hay un problema.

Todas las personas a nuestro alrededor nos van a recomendar que tenemos que tener una comunicación abierta y sincera con nuestros hijos, pero eso no se logra de la noche a la mañana y mucho menos puede ser impuesta. No nos levantamos y decimos: "hoy me voy a comunicar con mi hijo", debemos hacerlo a diario como algo natural.

Estimular la comunicación trae consigo la confianza. Tu hijo debe tener la seguridad de que puede hablar contigo de cualquier cosa, desde lo que le pasó en el colegio, hasta un problema que tenga alguno de sus amigos. Recuerda que el adulto eres tú y debes estar abierto a escuchar sin prejuicios ni conclusiones adelantadas.

La comunicación no puede ser forzada. Si quieres introducir un tema en específico que te preocupa, busca el momento y la circunstancia apropiada. Puedes hacer referencia a una película, a una anécdota de cuanto tú eras joven o simplemente preguntar de manera natural, sin reclamos ni interrogatorios que puedan interrumpir la comunicación.

Es muy importante que tus ideas sean claras. Cuando vayas a exponer tu punto de vista o dar una respuesta a una pregunta específica de tu hijo, organiza tu mente y transmite el mensaje en forma directa. Ponte en su lugar y usa un lenguaje sencillo que logre identificación entre ambos y no una postura de padre-hijo en la cual el padre impone y el hijo acepta.

Cuando se logra la conexión, todo fluye mejor. Busca algún momento en común que los pueda unir emocionalmente, como el gusto por algún estilo musical, deporte o actividad cultural. Los adolescentes tienen variados gustos que frecuentemente no coinciden con los de los padres, pero algo debe haber; busca esa coincidencia y lograrás una identificación capaz de mejorar la comunicación con tu hijo.

El hecho de comunicarnos bien con nuestros hijos no nos pone a la par de sus amigos que son sus referentes naturales. Seguimos siendo padres, aunque seamos amigos. Eso no te debe frustrar, por el contrario, entender que hay niveles de confianza donde el que te toca es importante, te dará mayor seguridad para poner en práctica un estilo de vida donde la comunicación está presente a diario, en todo momento.
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