PREADOLESCENCIA

Educación.
preadolescencia
Los hijos crecen y con ellos crece también la cantidad de eventos que su crianza y desarrollo conllevan. Los padres suelen confundirse cuando, a pesar de que ven a un niño, este comienza a comportarse de manera diferente asimilando las reacciones de un adolescente. Empiezan a realizar conjeturas, conclusiones o acciones que si bien a veces son correctas, en otras ocasiones traen consecuencias que requieren de atención inmediata para evitar mayores complicaciones.

Esta etapa corresponde a un periodo de transición entre la niñez y la adolescencia en el cual el menor se empieza a identificar con características propias de un chico mayor en edad cronológica, pero también disfruta y vive muchas ventajas de ser niño. Escoge inconscientemente ser de una etapa o la otra, según la ocasión, llegando a confundir a sus padres o cuidadores en cuanto a su conducta. Esta etapa de la preadolescencia, en la que ni se es niño ni se es adolescente, es protagonista de conflictos entre el muchacho y los adultos por falta de comprensión mutua.

Las recomendaciones dadas a los padres, en cuanto al manejo de esta etapa, se centran en tres aspectos claves: observación, escucha y diálogo.

Observación: Es importante permanecer alerta a los cambios, observar que signos de alarma se están presentando y tener en cuenta, siempre, que todos estos cambios son parte del normal desarrollo de los hijos, pero que no por esto deban permitirse sin la oportuna intervención.

Escucha: Al darse cuenta de la presencia de cambios en el comportamiento que no corresponden a la edad, el paso a seguir es escuchar al menor. ¿Qué lo motivó a realizar esta acción? ¿Cree que está bien realizarla? ¿Qué beneficios cree que le trae? ¿Por cuál otra acción lo podría reemplazar? ¿Se siente bien realizándolo? Hacerse estas preguntas podría ayudar a comprender lo que está pasando. El hecho de escuchar le permite a los padres acercarse a sus hijos, entender el origen de lo sucedido y sembrar confianza en la relación, lo cual beneficia futuros encuentros entre ambas partes.

Diálogo: Una vez que se ha escuchado, llega el momento de intervenir. La tranquilidad es pieza clave en este aspecto, pues transmitirá seguridad al hijo. Es primordial ser sincero y estar dispuesto a adaptarse sin llegar a ser permisivo. Este diálogo debe permitir llegar a conclusiones concretas que proporcionen acuerdos beneficiosos donde se pueda hacer entender que cada etapa trae consigo sus características, es decir, que "para todo hay un momento y un lugar".

Como elemento adicional se presenta la necesidad de poseer paciencia en el proceso, ya que estas situaciones pueden darse varias veces, aunque ya se haya solucionado una anteriormente, pues tienden a ser independientes unas de otras. Por ello, la presencia constante y permanente de los padres o cuidadores de los niños resulta un apoyo vital.

Elaborado por: Haiddy Karina Carreño.
Psicóloga y Lic. en Matemáticas, egresada de la Universidad
Francisco De Paula Santander y Universidad Antonio Nariño - Colombia.
COMPARTIR ARTÍCULO
POST RELACIONADOS
COMENTARIOS EN EL BLOG
COMENTARIOS EN FACEBOOK
Comentarios (0)
Este post aún no tiene comentarios, sé la primera persona en darnos tu opinión!
Comentar
Su comentario ha sido guardado correctamente. Gracias!
Ha ocurrido un error tratando de guardar su comentario, por favor inténtalo más tarde.